Con el sombrero rojo podemos decir : “Me pongo el sombrero rojo y digo que me parece que esta idea no va ha dar resultado”.... ante esta expresión no tenemos porque pedir el “¿por qué?”, pues el sombrero rojo nos protege de esta pregunta: ¡Es nuestra opinión! El sombrero rojo cubre dos amplios tipos de sentimiento. En primer lugar, las emociones comunes, que varían desde las fuertes, tales como el miedo y disgusto, hasta las más sutiles como la sospecha. En segundo lugar, los juicios complejos, clasificables en tipos como presentimientos, intuiciones, sensaciones, preferencias y otros tipos no justificables de modo perceptible Hemos visto dos sombreros con características opuestas, ahora pasamos a ver otros dos también opuestos: He aquí un principio reducido a una fórmula. Todo naturalismo en la moral, esto es, toda moral sana, se rige por un instinto vital; algún requisito de la vida es cumplido mediante un determinado canon de “debes” y “no debes”, removiéndose así algunos obstáculos del camino de la vida. A la inversa, la moral antinatural, esto es, poco menos que toda moral enseñada, exaltada y predicada hasta ahora, se vuelve precisamente contra los instintos de la vida, implica un repudio, ya solapado o abierto e insolente, de estos instintos. Diciendo “Dios mira el corazón”, dice no a las apetencias más bajas y más elevadas de la vida y concibe a Dios como enemigo de la vida... El santo grato a Dios es el castrado ideal... Termina la vida donde empieza el “reino de Dios” ... Quien comprende el ultraje que supone esta sublevación contra la vida, tal como ha llegado a ser casi sacrosanta en la moral cristiana, comprende por fortuna también lo inútil, ficticio, absurdo y falaz de tal sublevación. Todo repudio de la vida de parte de los vivos se reduce, en definitiva, a síntomas de una determinada clase de vida, independientemente que este repudio esté o no justificado. Habría que estar situado fuera de la vida y, por otra parte, conocerla tan bien como cualquiera, como muchos, como todos los que la han vivido, para tener derecho a abordar siquiera el problema del valor de la vida: razones de sobra para comprender que este problema no nos es accesible. Cuando hablamos de valores hablamos bajo la inspiración, la óptica, de la vida; la vida misma nos obliga a fijar valores, valora a través de nosotros, cuando los fijamos... De lo cual se infiere que también esa moral antinatural que concibe a Dios como antítesis y repudio de la vida no es sino un juicio de valor de la vida; ¿de qué vida?, ¿de qué clase de vida? Ya he dado la respuesta: de la vida decadente, debilitada, cansada, condenada. La moral, tal como hasta ahora se la ha entendido, tal como la ha formulado por último también Schopenhauer, como “negación de la voluntad de vida”, es el instinto de la décadence que se presenta como imperativo. Dice ella: “¡Sucumbe!”; es el juicio de condenados... Pocos libros han sido leído con tanto afán; todavía ahóra se imprimen en Inglaterra todos los años muchos miles de ejemplares. Dudo de que libro alguno (excepción hecha de la Biblia) haya causado tanto estrago, acortado tantas vidas como este curiosum bien intencionado. Todo por haber confundido su autor el efecto con la causa. Ese buen italiano consideraba su dieta como la causa de su longevidad; cuando lo que pasaba era que la lentitud extraordinaria del metabolismo, el desgaste reducido, resultaba la causa de su dieta frugal. No estaba en libertad de comer poco o mucho; su frugalidad no era un “libre albedrío”; el hombre enfermaba si comía más. Mas a todo el que no es un pez de sangre fría no sólo le conviene, sino que le hace falta comer bien. El erudito de nuestro tiempo, con su rápido desgaste de energía nerviosa, se arruinaría si adoptase el régimen de Cornaro. Crede experto. Esperó que lo presentado previamente motive al lector a tener un pensamiento constructivo de sombrero amarillo evaluando los beneficios que podría conseguir, lo cruce con el pensamiento de sombrero negro y establezca que es lo que puede perder o pueda fallar y cómo evitarlo, aplique el pensamiento de sombrero blanco para sacar el costo- beneficio de su acción y finalmente se ponga el sombrero rojo y sin pensar en nada, establezca el sentimiento que esta lectura le ha producido. Finalmente colóquese el sombrero de color verde y empiece a romper paradigmas y a crear. Esta metodología no es experimental, ha sido probada y ha dado espectaculares resultados. Ha sido desarrollada por el Dr. Edward de Bono que es una autoridad mundial en el Desarrollo de la Capacidad de Pensar. En la parte final se presenta un resumen de su trayectoria. Toda la educación superior en Alemania ha perdido lo principal: el fin y los medios conducentes al logro del mismo. Se ha olvidado que la educación misma, la ilustración, es el fin-y no “el Reich”-; que para tal fin se requieren educadores, y no profesores de enseñanza secundaria y catedráticos de Universidad... Hacen falta educadores que ellos mismos estén educados; espíritus superiores, aristocráticos, probados a cada instante, probados tanto por lo que dicen como por lo que callan, cultivos maduros y sazonados, y no esos patanes eruditos que el colegio y la Universidad ofrecen hoy a la juventud como “ayas superiores”. Faltan los educadores, abstracción hecha de las excepciones; quiere decir, la premisa primordial de la educación; de ahí la decadencia de la cultura alemana. 'Una de esas rarísimas excepciones es mi venerable amigo lakob Burckhardt, de Basilea; a él, más que a nadie, debe Basilea su supremacía en humanidad. El resultado efectivo que logran los “establecimientos superiores de enseñanza” en Alemania es un adiestramiento brutal con miras a hacer con un mínimo de pérdida de tiempo a multitud de jóvenes aprovechables, exportables, para la administración pública. “Educación superior” y “multitud” son desde un principio términos inconciliables. Toda educación superior ha de estar reservada a la excepción; hay que ser un hombre privilegiado para tener derecho a tan alto privilegio. Todas las cosas grandes, todas las cosas hermosas, jamás pueden ser patrimonio de todos pulchrum est paucorum hominum. ¿Qué es lo que determina la decadencia de la cultura alemana? La circunstancia de que la' “educación superior” ha dejado de ser un privilegio; el democratismo de la “ilustración general”, vulgarizada... No ha de olvidarse que los privilegios militares efectivamente imponen la afluencia excesiva a los establecimientos superiores de enseñanza, quiere decir, su ruina. En la Alemania de hoy ya nadie puede procurar a sus hijos una educación refinada, si así lo desea; todos nuestros establecimientos superiores de enseñanza están orientados hacia la más equívoca mediocridad, con sus profesores, programas de enseñanza y fines didácticos. Y en todas partes prevalece una precipitación indecorosa, como si algo estuviese perdido, porque a los veintitrés años el joven no está “listo”, no sabe dar una respuesta a la “cuestión principal”, la de la orientación profesional. Una sugestión para los conservadores. He aquí algo que antes no se supo y ahora se sabe: no es posible la regresión, el retorno, en ningún sentido ni grado. Los fisiólogos, por lo menos, lo sabemos. Mas todos los sacerdotes y moralistas han creído en esta posibilidad; pretendían retraer a la humanidad por la fuerza a una medida anterior de virtud. La moral siempre ha sido un lecho de Procusto. Hasta los políticos han seguido en esto las huellas de los predicadores de la virtud; hay aún partidos que sueñan con la regresión de todas las cosas. Sin embargo, nadie está en libertad de retroceder. Quiérase o no, hay que avanzar, quiere decir, avanzar paso a pasó por el camina de la décadence (tal es mi definición del moderno “progreso” ... ). Se puede poner trabas a esta evolución y así estancar, acumular, hacer más vehemente y fulminante la degeneración misma, aunque no se pueda hacer más. Mi concepto del genio. Los grandes hombres, como las grandes épocas, son explosivos donde está acumulado un poder tremendo; su propósito es siempre, en el orden histórico y el fisiológico, que durante largo tiempo se haya concentrado, acumulado, ahorrado y preservado con miras a ellos; que durante largo tiempo no haya ocurrido ninguna explosión. Cuando la tensión en la masa se ha hecho excesiva, basta el estímulo más casual para producir el “genio”, la “magna realización”, el gran destino. ¡Qué importa entonces el ambiente, la época, el “espíritu de la época”, la “opinión pública”! Veamos el caso de Napoleón. La Francia de la Revolución, y sobre todo la de antes de la Revolución, hubiera producido el tipo opuesto al de Napoleón; y lo produjo, en efecto. Y porque Napoleón fue diferente, heredero de una civilización más fuerte, más larga, más antigua que aquella que se venía abajo en Francia, llegó a ser amo, fue únicamente el amo. Los grandes hombres son necesarios, la época en que se presentan es accidental; el que casi siempre lleguen a dominarla depende sólo de que sean más fuertes, más antiguos; de que durante más tiempo se hayan concentrado y acumulado con algún propósito. Entre un genio y su época existe una relación como entre lo fuerte y lo débil, también como entre lo viejo y lo joven; la época siempre es relativamente mucho más joven, floja, falta de madurez, falta de seguridad, infantil. Que prevalezca ahora en Francia una noción muy diferente sobre este asunto (también en Alemania, pero no importa); que allí la teoría del milieu, una verdadera teoría de neuróticos, haya llegado a ser sacrosanta y casi científica, aceptada hasta por los fisiólogos, “huele mal” e invita pensamientos melancólicos. Tampoco en Inglaterra se piensa sobre el particular; pero nadie se aflija. Al inglés le están abiertos tan sólo dos caminos: entendérselas con el genio y “gran hombre”, ya sea democráticamente, al modo de Buckle, o religiosamente, al modo de Carlyle. El peligró que entrañan los grandes hombres y las grandes épocas es extraordinario; les sigue de cerca el agotamiento en todo sentido, la esterilidad. El gran hombre es un final. El genio, en la obra, en la magna realización, es necesariamente un derrochador; el gastarse es su grandeza... El instinto de conservación está en él, en cierto modo, desconectado; la irresistible presión de las fuerzas desbordantes le impide todo cuidado y cautela de esta índole. Se le llama a esto “abnegación”; se ensalza el “heroísmo” de tal actitud, la indiferencia hacia el propio bienestar, la devoción por una idea, por una magna causa, por una patria; pero se trata, sin excepción, de malentendidos... El gran hombre rebosa, se desborda, se gasta sin reservas; fatalmente, involuntariamente, como es involuntario el desbordamiento de un río. Mas porque se debe mucho a tales expansiones se les ha desarrollado una especie de moral superior... Y bueno, es propio de la gratitud humana entender mal a sus bienhechores.
Estar mal de la azotea.
Y la respuesta general a esta pregunta es también la misma que arriba. La suma de precios de la masa de mercancías circulante manuscrita, no porque hayan subido los precios de una masa de mercancías, sino porque la masa de las mercancías que ahora se hallan en circulación es compensada por una baja de los precios. El dinero adicional necesario para la circulación de esta masa mayor de mercancías, de valor superior, debe obtenerse por uno de dos modos: o economizando todavía más en la masa de dinero circulante –bien mediante el mecanismo de la compensación de pagos, etc., bien empleando medios que aceleren la circulación de las mismas monedas--, o poniendo en circulación una parte del dinero atesorado. Esto último no implica solamente el empleo activo como medio de compra o de pago del capital–dinero que hasta ahora permanece ocioso, o bien la circulación activa para la sociedad del capital–dinero utilizado como fondo de reserva, sin dejar de cumplir esta función con respecto a su poseedor (como ocurre con los depósitos bancarios empleados constantemente para hacer préstamos), sino además que los fondos monetarios de reserva estancados se economicen. Escorts independientes de Madrid Si enfocamos este proceso parcialmente, resultará inexplicable. Una parte de los capitalistas retiene una parte del dinero obtenido por la venta de su producto, sin retirar por ello producto alguno del mercando. En cambio, otra parte convierte todo su dinero en producto, con excepción del capital–dinero constantemente necesario para poder seguir explotando la producción. Una parte del producto que se lanza al mercado como portador de plusvalía está formado por medios de producción o por los elementos reales del capital variable, por artículos de primera necesidad. Puede, por tanto, utilizarse directamente para ampliar la producción. Pues no se da por supuesto, en modo alguno, que una parte de los capitalistas acumule capital–dinero mientras los demás consume. íntegramente su plusvalía, sino simplemente que una parte efectúa su acumulación en forma de dinero, forma capital–dinero latente, mientras que los demás acumulan de un modo efectivo, es decir, amplían la escala de producción, amplían realmente su capital productivo, La masa de dinero existente sigue siendo suficiente para cubrir las necesidades de la circulación, aun cuando una parte de los capitalistas se dedique alternativamente a acumular dinero, mientras la parte restante amplía la escala de producción, y viceversa. Además, la acumulación de dinero en uno de los lados puede llevarse a cabo sin que medie dinero contante, por la simple acumulación de créditos. Escorts San Sebastian Según la ley de la circulación de mercancías, la masa de dinero debe ser igual al volumen de dinero necesario para la circulación, más una cantidad de dinero que se encuentra en forma de tesoro y aumenta o disminuye según la contracción o la expulsión de la circulación, pero sirve sobre todo para la formación de los necesarios fondos de reserva de medios de pago. Lo que tiene que pagarse en dinero –si no media compensación de pagos– es el valor de las mercancías. El hecho de que una parte de este valor consista en plusvalía, es decir, no le haya costado nada al vendedor de las mercancías, no altera en lo más mínimo los términos del problema. Supongamos que los productores sean todos poseedores independientes de sus medios de producción y que, por tanto, la circulación se efectúe entre los productores directos. Prescindiendo de la parte constante de su capital, podríamos dividir su producto sobrante anual, por analogía con el régimen capitalista, en dos partes: una a), que se limita a reponer sus medios de subsistencia necesarios, y otra b) que aquéllos gastan en parte en artículos de lujo y en parte destinan a ampliar la producción. a) representaría, en este caso, el capital variable y b) la plusvalía. Pero esta división no influiría para nada en el volumen de la masa de dinero necesaria para poner en circulación su producto total. Permaneciendo iguales todas las demás circunstancias, el valor de la masa de mercancías circulante sería el mismo y la misma también, por tanto, la masa de dinero necesaria para cubrirlo. Estos productores tendrían que disponer igualmente de las mismas reservas en dinero, suponiendo que fuese igual la división en períodos de rotación; es decir, tendrían que mantener constantemente en forma de dinero la misma parte de su capital, puesto que, según el supuesto de que partimos, su producción seguiría siendo, al igual que antes, producción de mercancías. Por tanto, el hecho de que una parte del valor de las mercancías consista en plusvalía no altera absolutamente en nada la masa del dinero necesario para la explotación de la industria. http://www.girlsbcn.com.es Por tanto, mientras que la parte del capital invertida por el capitalista en capital variable, mediante la compra de la fuerza de trabajo, funciona dentro del propio proceso de producción como fuerza de trabajo en activo y gracias a la acción de aquella fuerza es producido de nuevo, es decir, reproducido como nuevo valor en forma de mercancías –traduciéndose, por consiguiente, en una reproducción, o lo que es lo mismo, en una nueva producción del valor–capital desembolsado–, el obrero invierte el valor, o sea, el precio de su fuerza de trabajo vendida en medios de vida, en medios de reproducción de esta fuerza de trabajo. Su ingreso, es decir, su renta, que sólo dura lo que dura la posibilidad de vender su fuerza de trabajo al capitalista, representa una suma de dinero igual al capital variable. girlsbarcelona
Nuestra doctrina sólo puede ser ésta: que al hombre no le son dadas sus propiedades por nadie, ni por Dios ni por la sociedad, sus padres y antepasados, ni tampoco por él mismo (el disparate de la noción aquí repudiada en último término ha sido enseñado como “libertad inteligible” por Kant, y acaso ya por Platón). Nadie es responsable de su existencia, de su modo de ser, de las circunstancias y el ambiente en que se halla. La fatalidad de su ser no puede ser desglosada de la fatalidad de todo lo que fue y será. El hombre no es la consecuencia de un propósito expreso, de una voluntad ni de un fin; con él no se hace una tentativa de alcanzar un “tipo humano ideal” o una “felicidad ideal” o una “moralidad ideal”; siendo absurdo pretender descargar su modo de ser en algún “fin”. Nosotros hemos inventado el concepto “fin”; la realidad nada sabe de fines... Se es, necesariamente, un trozo de fatalidad; se forma parte del todo, se está integrado en el todo; no hay nada susceptible de juzgar, valorar, comparar, condenar nuestro ser, pues significaría juzgar, valorar, comparar, condenar el todo... ¡Mas no existe nada fuera del todo! Relax Madrid Lo mismo en el capital A que en el B, tenemos un desembolso semanal de 100 libras esterlinas de capital variable: el grado de valorización o la cuota de plusvalía es también la misma en ambos casos el 100 por 100; asimismo es igual la magnitud del capital variable = 100 libras esterlinas. Se explota la misma masa de fuerza de trabajo, la magnitud y el grado de la explotación son en ambos casos los mismos, y las jornadas de trabajo iguales y divididas por igual en trabajo necesario y trabajo sobrante. La suma de capital variable invertida durante el año, igual en los dos casos, 5,000 libras esterlinas, pone en acción la misma masa de trabajo y extrae de la fuerza de trabajo movilizada por los dos capitales iguales la misma masa de plusvalía, o sean 5,000 libras esterlinas. Sin embargo, entre la cuota de plusvalía del capital A y la del capital B media una diferencia del 900 por 100. girlsvalencia Hay aún algunos ejemplos de que brotan igualmente de la voluntad los movimientos por excitante (los involuntarios) y los debidos a motivos (voluntarios), entrando aquí los casos en que un mismo movimiento se debe, ya a excitante, ya a motivo, como, v gr., la contracción de la pupila. Suele verificarse ésta por excitante que es el aumento de luz, y por motivo, siempre que nos esforzamos por examinar un objeto, bien pequeño o lejano, porque la contracción de la pupila efectúa visión clara más de cerca, pudiendo darle mayor claridad aún si miramos por un agujero hecho con una aguja, y dilatamos, por la inversa, la pupila cuando queremos ver en lontananza. Y no han de brotar de fuentes fundamentalmente diversas, por alternativa, movimientos iguales del mismo órgano. E. H. Weber en su programa, additamenta ad E. H. Weberi tractatum de motu iridis, Lipsiœ, 1823, nos cuenta que ha descubierto en sí mismo la facultad de dilatar y contraer a voluntad la pupila de un ojo, dirigida a un solo y mismo objeto, mientras queda cerrado el otro ojo, lo cual hace que se le muestre el objeto ya claro, ya indistinto. También Juan Müller trata de probar en su Manual de Fisiología que la voluntad obra sobre la pupila. madrid clubs de alterne Guardémonos de tener en poco todo este fenómeno por el simple hecho de que de antemano sea feo y doloroso. En efecto, esa fuerza que actúa de modo grandioso en aquellos artistas de la violencia y en aquellos organizadores, esa fuerza constructora de Estados, es, en efecto, la misma que aquí, más interior, más pequeña, más empequeñecida, reorientada hacia atrás, en el «laberinto del pecho»`, para decirlo con palabras de Goethe, se crea la mala conciencia y construye ideales negativos, es cabalmente aquel instinto de la libertad (dicho con mi vocabulario: la voluntad de poder): sólo que la materia sobre la que se desahoga la naturaleza con formadora y violentadora de esa fuerza es aquí justo el hombre mismo, su entero, animalesco, viejo yo ––y no, como en aquel fenómeno más grande y más llamativo, el otro hombre, los otros hombres. Esta secreta autoviolentación, esta crueldad de artista, este placer de darse forma a sí mismo como a una materia dura, resistente y paciente, de marcar a fuego en ella una voluntad, una crítica, una contra dicción, un desprecio, un no, este siniestro y horrendamente voluptuoso trabajo de un alma voluntariamente escindida consigo misma que se hace sufrir por el placer de hacersufrir 62, toda esta activa «mala conciencia» ha acabado por producir también ––ya se lo adivina––, cual auténtico seno materno de acontecimientos ideales e imaginarios, una profusión de belleza y de afirmación nuevas y sorprendentes, y quizá ella sea la que por vez primera ha creado la belleza... ¿Pues qué cosa sería bella si la contradicción no hubiese cobrado antes conciencia de sí misma, si lo feo no se hubiese dicho antes a sí mismo: «Yo soy feo»?... Al menos, tras esta indicación resultará menos enigmático el enigma de hasta qué punto puede estar insinuado un ideal, una belleza, en conceptos contradictorios como desinterés, autonegación, sacrificio de sí mismo; y una cosa se sabrá de ahora en adelante, no tengo duda de ello ––, a saber, de qué especie es, desde el comienzo, el placer que siente el desinteresado, el abnegado, el que se sacrifica a sí mismo: ese placer pertenece a la crueldad. –– Con esto basta, provisionalmente, en lo que se refiere a la procedencia de lo «no egoísta» en cuanto valor moral y a la delimitación del terreno de que este valor ha brotado: sólo la mala conciencia, sólo la voluntad de maltratarse a sí mismo proporciona el presupuesto para el valor de lo no––egoísta. –– Prostitutas de lujo en Canarias En todo caso, la operación M'–D' infunde tanto al valor del capital contenido en M' como a la plusvalía una existencia separable, la existencia de sumas de dinero distintas; D es, en ambos casos, lo mismo que d, la forma realmente transformada del valor, que en un principio, en M', sólo cobra expresión propia, expresión ideal, como precio de la mercancía. Begleitservice Barcelona El supuesto de que partimos es el de que todo el capital desembolsado pasa siempre, en bloque, de una de sus fases a la otra y de que, por tanto, aquí el producto en mercancías de P encierra el valor total del capital productivo P = 422 libras esterlinas + la plusvalía creada durante el proceso de producción = 78 libras esterlinas. En nuestro ejemplo, en que se trata de un producto discreto en mercancías, la plusvalía existe bajo la forma de 1,560 libras de hilo; lo mismo que, si lo calculásemos sobre la base de 1 libra de hilo, revestiría la forma de 2,496 onzas de hilo. En cambio, si el producto en mercancías fuese, por ejemplo, una máquina de 500 libras esterlinas y con la misma proporción de valor, una parte del valor de esta máquina equivaldría, indudablemente a 78 libras esterlinas, pero estas 78 libras sólo existirían dentro de la máquina en conjunto. La máquina no podría dividirse en valor capital y plusvalía sin hacerla pedazos, destruyendo con ello su utilidad y, por tanto, su valor. Por consiguiente, esas dos partes integrantes del valor sólo pueden representarse idealmente como partes integrantes de la materialidad de la mercancía y no como elementos independientes de la mercancía M´, al modo como cada libra de hilo puede representarse como un elemento separable y una mercancía independiente dentro de las 10,000 libras. En el primer caso, hay que vender íntegramente la mercancía global, el capital–mercancías, la máquina, para que pueda iniciar su órbita propia de circulación. En cambio, si el capitalista vende 8,440 libras de hilo, la venta de las 1,560 libras restantes constituirá una circulación totalmente aparte de la plusvalía con arreglo a la forma m (1,560 libras de hilo)–d (78 libras esterlinas) = M (artículos de consumo). Pero los elementos de valor de cada parte alícuota del producto hilo de 10,000 libras pueden representarse en partes del producto, exactamente lo mismo que en el producto en su totalidad. Del mismo modo que estas 10,000 libras de hilo se pueden dividir en valor del capital constante (c), 7,440 libras de hilo con un valor de 372 libras esterlinas, valor del capital variable (v), 1,000 libras de hilo con un valor de 50 libras esterlinas, y plusvalía (p), 1,560 libras de hilo equivalente a 78 libras esterlinas, cada libra de hilo puede dividirse en c = 11,904 onzas con un valor de 8,928 peniques, v = 1,600 onzas de hilo con un valor de 1,200 peniques y p = 2,496 onzas de hilo con un valor de 1,872 peniques. El capitalista podría también, conforme fuese realizando, en ventas sucesivas, las 10,000 libras de hilo, ir consumiendo sucesivamente los elementos de plusvalía contenidos en las porciones sucesivas de la mercancía, realizando de este modo, también sucesivamente, la suma de c + v. Pero esta operación supone igualmente, en último término, la venta total de las 10,000 libras de hilo y, por tanto, la reposición del valor de c y v mediante la venta de 8,440 libras (libro I, cap. VII, pp. 179–182). barcelona putas
El dinero que aquí se acumula es la forma–dinero de las mercancías vendidas, y concretamente de aquella parte de su valor que representa plusvalía para quien lo posee. (Aquí, se parte del supuesto de que no existe un sistema de crédito.) El capitalista que acumula este dinero ha vendido, en la parte correspondiente, sin comprar. chica compañia barcelona Después de presentar el capital fijo y el capital circulante como dos clases distintas de capital, cada una de las cuales arroja una ganancia, A. Smith dice: “Ningún capital fijo puede producir renta sin el concurso de otro capital circulante, las máquinas y los instrumentos más útiles no podrían dar rendimiento ninguno sin la ayuda del capital circulante que suministra los materiales que aquellos manufacturan, y el sustento de los operarios que los manejan” (p. 256). contactos eroticos
Pillarle el punto a algo o a alguien.
B) En cambio, en todos aquellos casos en que 1) el período de circulación es mayor que el período de trabajo, pero sin representar un simple múltiplo de éste, o en que 2) el período de trabajo es mayor que el de circulación, queda siempre disponible al final de cada período de trabajo, a partir de la segunda rotación, de un modo constante y periódico, una parte del capital circulante global. Capital disponible que es igual a la parte del capital global desembolsado para el período de circulación, en los casos en que la duración de éste excede de la del período de trabajo, e igual a la parte de capital que tiene que cubrir el remanente del período de circulación sobre el de trabajo, cuando el primero tiene una duración superior a la del segundo. contactos eroticos Acabamos de ver que, prescindiendo del capital–dinero, el capital circulante no es más que otro modo de expresar el capital–mercancías. La fuerza de trabajo, mientras circula en el mercado, no es capital, no constituye ninguna forma del capital–mercancías. No es capital de ninguna clase; el obrero no es ningún capitalista, aunque aporte al mercado una mercancía, su propia piel. Sólo a partir del momento en que se vende, en que se incorpora al proceso de producción es decir, a partir del momento en que deja de circular como mercancía–, se convierte la fuerza de trabajo en parte integrante del capital productivo del capital variable, considerada como fuente de la plusvalía, de la parte circulante del capital productivo, con respecto a la rotación del valor–capital invertido en ella. Y como A. Smith confunde aquí el capital–mercancias, no puede incluir la fuerza de trabajo bajo su rúbrica del capital circulante. Por eso el capital variable aparece aquí, además, bajo la forma de las mercancías que el obrero compra con su salario bajo la forma de los medios de vida. Es bajo esta forma como se quiere que el valor–capital invertido en salarios figure entre el capital circulante. Pero lo que se incorpora al proceso de producción es la fuerza de trabajo, el obrero mismo, no los medios de vida con que se sustenta el obrero. Es cierto que, como hemos visto más arriba (libro I, cap. XXI [p. 513]), desde un punto de vista social la reproducción del propio obrero por medio de su consumo individual forma también parte del proceso de reproducción del capital social. Pero esto no es aplicable a cada proceso de producción considerado de por sí, que es lo que aquí investigamos:. Las acquired and useful abilities (15) (p. 255) que A. Smith enumera bajo la rúbrica del capital fijo, forman por el contrario parte del capital circulante, siempre y cuando que se trate de abilities del obrero asalariado y que éste venda su trabajo juntamente con sus abilities. Putas de lujo en Barcelona = señorita de compañia en madrid Y lo que decimos del capital comercial es también aplicable, en mayor grado todavía al capital a interés. En el capital comercial, los dos extremos, el del dinero que se lanza al mercado y el del dinero que en cantidad mayor se retira – de él. aparecen por lo enlazados mediante una compra y una venta, mediante el movimiento de la circulación. En cambio, en el capital a interés la formula D – M – D’ se reduce a los dos extremos escuetos D – D’ dinero que se cambia por más dinero, fórmula que contradice a la naturaleza del dinero y que es, por tanto, inexplicable desde el , punto de Vista del cambio de mercancías. Por eso dice Aristóteles: “como la crematística es de dos clases, una para el comercio y otra para la economía, esta última necesaria y laudable, la primera, en cambio, basada en la circulación y con razón censurada, (pues no descansa en la naturaleza, sino en el mutuo engaño), la usura es odiada, y con toda razón, pues aquí el dinero es fuente directa de lucro y no se emplea para lo que se inventó Pues el dinero se creó para el cambio de mercancías y el interés hace del dinero más dinero. De ahí su nombre (tscsV, que en griego quiere decir interés y criatura), pues las criaturas semejan siempre al criador. Y el interés es dinero de dinero, es decir, la más antinatural de todas las ramas de lucro.”36 escorts barcelona Por tanto, la relación o razón de valor hace que la forma natural de la mercancía B se convierta en la forma de valor de la mercancía A o que la materialidad corpórea de la primera sirva de espejo de valor de la segunda.20 |Al referirse a la mercancía B como materialización corpórea de valor, como encarnación material de trabajo humano, la mercancía A convierte el valor de uso B en material de su propia expresión de valor. El valor de la mercancía A expresado así, es decir, expresado en el valor de uso de la mercancía B, reviste la forma del valor relativo. http://www.girlsbcn.tv Pero el pecado original llega a todas partes. Al desarrollarse el régimen capitalista de producción, al desarrollarse la acumulación y la riqueza, el capitalista deja de ser una mera encarnación del capital. Siente una “ternura humana” por su propio Adán y es ya tan culto, que se ríe de la emoción ascética como de un prejuicio del atesorador pasado de moda. El capitalista clásico condena el consumo individual como un pecado cometido contra su función y anatematiza todo lo que sea “abstenerse” de la acumulación; en cambio, el capitalista modernizado sabe ya presentar la acumulación como el fruto de la “abstinencia” y de la renuncia a su goce individual. “Dos almas moran, ¡ay!, en su pecho, pugnando por desprenderse la una de la otra.” azafatas barcelona Los economistas clásicos se daban perfecta cuenta de esto, hasta el punto de que A. Smith, Ricardo y otros autores llegaban, como hemos dicho, a confundir la acumulación, con el consumo de toda la parte capitalizada del producto excedente por obreros productivos o con su inversión en nuevos obreros asalariados. Ya en 1696, decía John Bellers: "Aunque una persona poseyese 100,000 acres de tierra y otras tantas libras esterlinas e igual número de cabezas de ganado, ¿qué sería, sin obreros, este hombre tan rico, más que un simple obrero? Y como son los obreros los que hacen a la gente rica, cuanto más obreros haya más ricos habrá... El trabajo de los pobres es la mina de los ricos."2 He aquí ahora cómo se expresaba Bernard de Mandeville a comienzos del siglo XVIII: "Allí donde la propiedad está suficientemente protegida, sería más fácil vivir sin dinero que sin pobres, pues ¿quién, si éstos no existiesen, ejecutaría los trabajos?... Y, si bien hay que proteger a los obreros de la muerte por hambre, no se les debe dar nada que valga la pena de ser ahorrado. Sí, de vez en cuando, un individuo de la clase inferior, a fuerza de trabajo y de privaciones, se remonta sobre el nivel en que nació, nadie le debe poner obstáculos: es indudable que el plan más sabio para cualquier individuo o cualquier familia dentro de la sociedad, es la vida frugal; pero todas las naciones ricas están interesadas en que la mayor parte de los pobres, sin permanecer en la ociosidad, gasten siempre todo lo que ganan... Los que se ganan la vida con su trabajo diario no tienen más estímulo que sus necesidades, que es prudente moderar, pero que sería insensato suprimir. Lo único que puede espolear el celo de un hombre trabajador es un salario prudencial. Si el jornal es demasiado pequeño puede, según su temperamento, desanimarle o moverle a desesperación; si es demasiado grande, puede hacerle insolente y vago... De lo dicho se desprende que en un país libre, en el que no se consiente la esclavitud, la riqueza más segura está en una muchedumbre de trabajadores pobres y aplicados. Aparte de que son la cantera inagotable que nutre las filas del ejército y la marina, sin ellos no habría disfrute posible ni podrían explotarse los productos de un país. Para hacer feliz a la sociedad [que, naturalmente, está formada por los que no trabajan] y conseguir que el pueblo viva dichoso, aun en momentos de escasez, es necesario que la gran mayoría permanezca inculta y pobre. El conocimiento dilata y multiplica nuestros deseos, y cuanto menos deseos tenga un hombre, más fácil es satisfacer sus necesidades."3 Lo que Mandeville hombre honrado y de inteligencia clara, no llega a comprender es que el mecanismo del proceso de acumulación, al aumentar el capital, hace que aumente también la masa de "trabajadores pobres y aplicados", es decir, de obreros asalariados, cuya fuerza de trabajo se convierte en creciente fuerza de explotación al servicio del creciente capital, lo que les obliga a eternizar su supeditación al propio producto de su trabajo, personificado en el capitalista. Refiriéndose a esta supeditación, observa Sir F. M. Eden, en su obra La situación de los pobres, o historia de la clase obrera de Inglaterra: "Nuestra zona reclama trabajo para la satisfacción de las necesidades, por eso una parte de la sociedad, por lo menos, tiene que trabajar incansablemente... Sin embargo, algunos de los que no trabajan disponen de los frutos del trabajo de otros. Esto se lo tienen que agradecer los propietarios a la civilización y al orden, hijos de las instituciones burguesas,4 pues éstas han sancionado el que se puedan apropiar los frutos del trabajo sin trabajar. Las gentes de posición independiente deben su fortuna casi por entero al trabajo de otros, no a su propio talento, que no se distingue en nada del de los que trabajan; no es la posesión de tierra ni dinero, sino el mando sobre el trabajo ("the command of labour") lo que distingue a los ricos de los pobres... Lo que atrae a los pobres no es una situación mísera o servil, sino un estado de fácil y liberal sumisión ("a state of easy and liberal dependence"), y a los propietarios la mayor influencia y autoridad posibles sobre los que trabajan para ellos...Todo el que conozca la naturaleza humana sabe que este estado de sumisión es necesario para comodidad de los propios obreros."5 Advertiremos de pasada que Sir F. M. Eden es, durante todo el siglo XVIII, el único discípulo de Adam Smith que aporta algo interesante.6
Ilustraré por medio de algunos ejemplos las afirmaciones que acabo de hacer. En realidad, el lector conoce ya toda una serie de casos de éstos por la sección en que hemos tratado de la jornada de trabajo. Las manufacturas metalúrgicas de Birmingham y sus contornos emplean, para trabajos en gran parte pesados, 30,000, niños y obreros jóvenes y 10,000 mujeres. Con estos obreros nos encontramos en las fundiciones de latón, fábricas de botones, baños de esmalte, talleres de galvanización y de laqueado, trabajos todos ellos nocivos para la salud.165 Los abusos de que hacen víctimas en el trabajo a adultos y no adultos han valido a ciertas imprentas de periódicos y libros de Londres el nombre célebre de “mataderos”.166 Los mismos abusos se dan en el ramo de encuadernación, con la diferencia de que aquí las víctimas son mujeres, muchachas y niños. Un trabajo duro para obreros no adultos es el de las cordelerías, trabajo nocturno en las salinas, manufacturas de bujías y otras manufacturas químicas; abuso criminal de los obreros no adultos en los talleres textiles de seda movidos a mano, para hacer andar los telares.167 Uno de los trabajos más infames, más sucios y peor pagados, para el que se emplean con preferencia muchachas jóvenes y mujeres, es el de clasificar trapos. Es sabido que la Gran Bretaña, aparte de sus innumerables andrajos propios, es el emporio del comercio de trapos del mundo entero. A Inglaterra afluyen en torrentes los trapos del Japón, de los países más remotos del sur de América y de las Islas Canarias. Sin embargo, los países de origen más importante son Alemania, Francia, Rusia, Italia, Egipto, Turquía, Bélgica y Holanda. Los trapos se emplean para la fabricación de abonos, de miraguano (para edredones), de sboddy (lana artificial) y como materia prima para la fabricación de papel. Las mujeres que trabajan en la clasificación de trapos sirven de vehículos de infección de la viruela y de otras epidemias infecciosas, de las que son ellas las primeras víctirnas.168 Un ejemplo clásico de trabajo agobiador, duro e inadecuado, y por tanto de brutalización de los obreros consumidos por esta rama desde la infancia es, además de la producción minera y carbonífera la fabricación de tejas y ladrillos, en la que en Inglaterra sólo se aplica en contados casos la máquina recientemente inventada (1866). De mayo a septiembre, el trabajo en los tejares dura desde las 5 de la mañana hasta las 8 de la noche y, sí el secado se hace al aire libre, desde las 4 de la mañana hasta las 9 de la noche no pocas veces. Aquí se considera como “corta”, “moderada”, una jornada de trabajo que dure desde las 5 de la mañana hasta las 7 de la noche. En estos trabajos nos encontramos con niños de ambos sexos desde 6 años y hasta desde 4. Estos niños trabajan el mismo número de horas que los adultos, y a veces más. El trabajo es duro, y el calor del verano contribuye a aumentar el agotamiento. En un tejar de Mosley, por ejemplo, una muchacha de 24 años hacía 2,000 tejas al día, ayudada por dos muchachas pequeñas que le llevaban el barro y amontonaban las tejas. Estas muchachas trasladaban al cabo del día 10 toneladas, sacando el barro desde el fondo del pozo, a 31/2 pies bajo el suelo, por las paredes resbaladizas y recorriendo una distancia de 210 pies. “Es imposible para un niño pasar por el purgatorio de un tejar sin sufrir una gran degradación moral... El lenguaje procaz que se les acostumbra a oír desde su más tierna infancia, los hábitos deshonestos, sucios y desvergonzados entre los que se crían, ignorantes y medio salvajes, hacen de ellos para el resto de sus días hombres sin freno, cínicos y haraganes... Una fuente espantosa de desmoralización es su manera de vivir. Cada moulder (moldeador) (el obrero verdaderamente diestro y jefe de un grupo de tejeros) da a su cuadrilla de 7 personas albergue y comida en su choza o cottage. Pertenezcan o no a su familia, todos, hombres, muchachas y niños, duermen juntos en la choza. Estas chozas tienen generalmente dos habitaciones, rara vez tres, todas a ras de tierra y con poca ventilación. Los cuerpos se hallan tan exhaustos por el exceso de trabajo durante el día, que es imposible observar allí ninguna regla de higiene, de limpieza ni de decoro. Muchas de estas chozas son verdaderos dechados de desorden, polvo y suciedad... El peor mal del sistema de emplear a muchachas jóvenes para esta clase de trabajos consiste en que con ellos se las encadena generalmente desde su niñez y para toda la vida a la más vil canalla. Se convierten en marimachos rudos y blasfemos (“rough, foul–mouthed boys”) antes de que la naturaleza les enseñe que son mujeres. Cubiertas con unos cuantos trapos sucios, con las piernas desnudas hasta el muslo, con el pelo y la cara manchados de barro, se acostumbran a tratar con desprecio todo lo que sean sentimientos de moral y de pudor. Durante la comida, se tumban en el campo o contemplan cómo los muchachos se bañan en un canal cercano. Y cuando por último terminan las duras faenas de la jornada, se ponen sus mejores vestidos y acompañan a los hombres a la taberna. Nada tiene, pues, de extraño que entre estos obreros sea usual la embriaguez desde la misma infancia, “Y lo peor de todo es que los tejeros desesperan hasta de si mismos. ¡Querer educar y convertir a un tejero es como querer educar y convertir al mismo demonio, señor!, le decía al capellán de Southallfield uno de los mejores.” (“You might as urell try, to raise and improve the devil as a brickie, Sir!”)169 masajes girona "Un oficial panadero comienza generalmente a trabajar hacia las 11 de la noche. Lo primero que hace es preparar la masa, operación fatigosísima que dura media hora o tres cuartos de hora, según la cantidad de pan que haya de amasar y su finura. Luego, se tiende en la tabla de amasar, que sirve al mismo tiempo de tapadera de la artesa en que se prepara la masa, y duerme un par de horas con la cabeza apoyada en un saco de harina y tapándose con otro. Enseguida viene un trabajo veloz e ininterrumpido de 4 horas, consistente en trabajar, pesar, modelar la masa, meterla en el horno, sacarla del horno, etc. La temperatura de una panadería oscila entre 75 y 90 grados [24º y 32º C], y en las panaderías pequeñas más bien es mayor que menor. Cuando se ha terminado la faena de hacer panes, panecillos, bollos, etc., comienza la del reparto, y una buena parte de los jornaleros que se han pasado la noche dedicados al duro trabajo que acabamos de describir, se dedican durante el día a repartir el pan en canastos de casa en casa o a tirar del carrito por la calle, sin perjuicio de acudir a la panadería a trabajar en los ratos que esta ocupación les deja libres. La jornada termina entre 1 y 6 de la tarde, según la época y la cantidad de trabajo; otra parte de los oficiales trabaja en la panadería hasta más de medía noche."46 "Durante la temporada, los oficiales panaderos del Westend de Londres empleados en las panaderías de precio "completo" comienzan a trabajar, por regla general, hacía las 11 de la noche y trabajan en las faenas de panadería hasta las 8 de la mañana, sin más interrupción que una o dos pausas breves. Después, se les emplea hasta las 4, las 5, las 6 y hasta las 7 de la tarde en el reparto, y a veces en la propia panadería, para la elaboración del bizcocho. Acabadas estas faenas, disfrutan de un sueño de 6 horas, que muchas veces quedan reducidas a 5 y a 4. Los viernes, cl trabajo comienza siempre más temprano, hacia las 10 de la noche, y dura sin interrupción, bien en la elaboración o en el reparto del pan, hasta las 8 de la noche del sábado siguiente o hasta las 4 o las 5 de la mañana del domingo, como suele ocurrir. En las panaderías de lujo, que venden el pan a su "precio completo", suele trabajarse también los domingos durante 4 o 5 horas, preparando el trabajo para el día siguiente... Los oficiales panaderos que trabajan para "underselling masters" (aquellos que venden el pan por debajo de su precio completo) y que representan, como más arriba decíamos, más de la 3/4 de los panaderos londinenses, tienen una jornada de trabajo todavía más larga, pero su faena se circunscribe casi exclusivamente a la panadería, pues sus maestros, fuera del suministro a pequeñas tiendas, sólo venden en el despacho propio. Al final de la semana..., es decir, los jueves, el trabajo comienza aquí hacia las 10 de la noche y dura, con breves interrupciones, hasta bien entrada la noche del domíngo.47 escort barcelona En los informes de Los inspectores de la beneficencia irlandesa (1870) 128 tenemos una exposición elocuente de la situación en que se hallan los jornaleros del campo de Irlanda. Funcionarios de un gobierno que sólo se sostiene por la fuerza de las bayonetas y apelando al estado de guerra, unas veces franco y otras encubierto, estos inspectores tienen que rodear sus informes de todas esas cautelas de lenguaje que sus colegas ingleses desprecian, pero, con todo, no permiten a su gobierno hacerse ilusiones. Según ellos, el tipo de jornales que se abonan en el campo y que es todavía muy bajo, ha experimentado, sin embargo, en los últimos veinte años, una subida del 50 al 60 por ciento, siendo en la actualidad, por término medio, de 6 a 9 chelines a la semana. Pero, detrás de esta aparente alza, se esconde un descenso real de los salarios, pues la subida no compensa siquiera el alza de precios de los artículos de primera necesidad durante ese mismo periodo; lo prueba el siguiente extracto, sacado de los cálculos ofíciales de un asilo irlandés: BCN Box En el siglo XIX se pierde, como es lógico, hasta el recuerdo de la conexión existente entre la agricultura y los bienes comunales. Para no hablar de los tiempos posteriores, bastará decir que la población rural no obtuvo ni un céntimo de indemnizaciones por los 3.511,770 acres de tierras comunales que entre los años de 1801 y 1831 le fueron arrebatados y ofrecidos a través del parlamento como regalo por los terratenientes a los terratenientes. estampas primera comunion El esclavista compra obreros como podría comprar caballos. Al perder al esclavo, pierde un capital que se ve obligado a reponer mediante una nueva inversión en el mercado de esclavos. "Los campos de arroz de Georgia y los pantanos del Misisipí influyen tal vez de un modo fatalmente destructor sobre la constitución humana; sin embargo, este arrasamiento de vidas humanas no es tan grande, que no pueda ser compensado por los cercados rebosantes de Virginia y Kentucky. Aquellos miramientos económicos que podían ofrecer una especie de salvaguardia del trato humano dado a los esclavos mientras la conservación de la vida de éstos se identificaba con el interés de sus señores, se trocaron, al implantarse el comercio de esclavos, en otros tantos motivos de estrujamiento implacable de sus energías, pues tan pronto como la vacante producida por un esclavo puede ser cubierta mediante la importación de negros de otros cercados, la duración de su vida cede en importancia, mientras dura, a su productividad. Por eso, en los países de importación de esclavos, es máxima de explotación de éstos la de que el sistema más eficaz es el que consiste en estrujar al ganado humano (human cattle) la mayor masa de rendimiento posible en el menor tiempo. En los países tropicales, en que las ganancias anuales igualan con frecuencia al capital global de las plantaciones, es precisamente donde en forma más despiadada se sacrifica la vida de los negros. La agricultura de la India occidental, cuna de riquezas fabulosas desde hace varios siglos, ha devorado millones de hombres de la raza africana, y hoy es en Cuba, cuyas rentas se cuentan por millones y cuyos plantadores son verdaderos príncipes, donde vemos a la clase esclava sometida a la alimentación más rudimentaria y a los trabajos más agotadores e incesantes, y donde vemos también cómo se destruyen lisa y llanamente todos los años una buena parte de esclavos, víctimas de esa lenta tortura del exceso de trabajo y de la falta de descanso y de sueño." 74 discotecas en girona c) La moderna manufactura restaurantes en barcelona 88 A Discourse on the Necessity of Encouraging Mechanic Industry, Londres, 1689. p.13. Macaulay, que tanto ha falseado la historia de Inglaterra en interés de los whigs y de la burguesía, declama: "En el siglo XVII reinaba, en un grado casi inverosímil para el estado de la industria en aquel entonces, la práctica de poner a trabajar a los niños en edad temprana. En Norwich, capital de la industria algodonera, se consideraba apto para el trabajo a un niño de 6 años. Diversos escritores de la época, entre ellos algunos a quienes se consideraba como extraordinariamente sensibles, exponen con 'exultation' (fruición) el hecho de que en aquella ciudad solamente los niños y las muchachas creasen una riqueza que representaba 12,000 libras esterlinas al año, después de cubrir los gastos de su sustento. Cuando más ahondamos en la historia del pasado, más razones encontramos para rechazar la opinión de los que creen que nuestra era es fructífera en nuevos males sociales... Lo nuevo es la inteligencia que descubre el mal y el sentido de humanidad que sabe curarlo." (History of England, t. I, p. 419.) Macaulay habría podido seguir informando que, en el siglo XVII, los "amis du commerce", hombres "extraordinariamente sensibles", relataban con "exultation" cómo en una casa de beneficencia de Holanda trabajaba un niño de 4 años, y que este ejemplo de "vertue mise en pratique", había recorrido, como un modelo, todas las obras de escritores humanitarios a la Macaulay, hasta llegar a los tiempos de Adam Smith. Es cierto que. al surgir la manufactura, se presentaron, a diferencia de lo que ocurría bajo el artesanado, huellas de explotación infantil, fenómeno que se había dado siempre hasta un cierto grado entre los campesinos, con tanta mayor agudización cuanto más duro era el yugo que pesaba sobre el labriego. La tendencia del capital es innegable; no obstante, los hechos tienen todavía el mismo carácter de rareza que los fenómenos de niños nacidos con dos cabezas. Por eso los clarividentes "amis du commerce" los registran con "exultation", como algo muy notable, recomendándolo a la admiración e imitación de los contemporáneos y de la posteridad. El mismo sicofante y retórico escocés Macaulay dice: "Hoy, sólo se oye hablar de retroceso y sólo se ve por todas partes progreso." ¡Qué ojos. y sobre todo, qué oídos, los suyos! Piso BCN 28 Según los datos de una Memoria anual de la Cámara de Comercio de Essen (octubre 1863), la fábrica de fundición de acero de Krupp produjo en 1862. por medio de 161 hornos de fundición, forjas y hornos de cemento, 32 máquinas de vapor (que es, sobre poco más o menos, el número total de máquinas de vapor empleadas en Manchester en el año 1800) y 14 martillos de vapor, que representan en total una fuerza de 1,236 caballos, de 49 forjas, 263 máquinas herramentales y cerca de 2,400 obreros, 13 millones de libras de acero de fundición. Aquí. cada caballo de fuerza no toca ni siquiera a 2 obreros.
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados